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EE.UU CAMPAÑA PARA BUSCAR A LOS QUE DEJARON DE IR A MISA CON LA PANDEMIA

Durante la pandemia del coronavirus y sus confinamientos muchos cristianos, católicos o protestantes, perdieron el hábito de ir al culto dominical.

Un estudio en 2022 del centro CARA de la Universidad de Georgetown calculaba un bajón del 7% de adultos en las misas católicas en EEUU.

Algunos quizá murieron, otros quizá se acomodaron a seguir la misa por televisión o por Internet, otros perdieron el hábito o murió la persona que le acompañaba o invitaba…

De hecho, en EEUU, como en otros países, hay numerosos «excatólicos» (un 13% de los adultos lo son según un estudio de Pew Forum de 2014), aunque es una categoría amplia. Un católico que no va a misa porque es perezoso, o tiene muchas más cosas que hacer, o no es devoto, sigue declarándose católico. Para declararse «ex-católico» tiene que haber pasado algo más: elegir otra religión o haberse enfadado activamente con la Iglesia por alguna razón. Es cierto que en muchas personas la mera desidia, una mudanza, un cambio de horarios laborales, pueden bastar para perder el hábito de la misa dominical.

Sea cual sea la causa del alejamiento, la Iglesia en EEUU, en el marco del «Avivamiento Eucarístico Nacional» que decretaron los obispos en todo el país, ha lanzado una campaña para que los párrocos y su equipo de colaboradores contacten con los que han dejado de venir a la parroquia, escribiéndoles postales, o cartas, o llamándoles por teléfono. Es la campaña «Invite One Back», que detalla trucos, ideas, argumentos y ofrece modelos de textos, también en español en su web.

La campaña tiene clara su objetivo: «Todos debemos invitar a todos los que se fueron a regresar de una manera que asegure que se sientan vistos y deseados como miembros individuales de nuestra familia parroquial».

Invitar a las personas al encuentro íntimo con Jesucristo

El obispo Andrew H. Cozzens de Crookston, Minnesota, que dirige esta campaña, explica que la invitación no es solo a «llenar los bancos de la iglesia» sino «guiar a las personas a encuentros íntimos con Jesucristo y conducir almas a la salvación».

Por el momento, la campaña no piensa en personas alejadas hace décadas, ni en desconocidos, sino en ex-parroquianos que los sacerdotes pueden recordar, y cuyos datos probablemente guardan en algún sitio (en EEUU se guardan muchos más datos, teléfono y dirección de los fieles, que en España y los países hispanos).

«Haga una lista de feligreses que no haya visto en mucho tiempo o personas que solían ser miembros de su parroquia, y comience a orar por ellos ahora. Discierna cómo puede comunicarse mejor con cada miembro de ese grupo y haga un plan para comunicarse con cada uno de ellos de la manera que sea más significativa. Reúna un equipo de ‘guerreros de oración’ dedicados a cubrir con oración a cada miembro ausente. ¡Esta es una excelente manera de involucrar a toda la parroquia en esta campaña significativa!», dicen las instrucciones para párrocos. Los grupos de oración, rosario, adoración o alabanza deberían orar por estas intenciones de forma específica.

La web ofrece modelos de cartas, pero anima a personalizar al máximo los textos, además de poner el membrete de la parroquia, y dejar claro que es toda la parroquia la que tiene muchas ganas de volver a acoger al parroquiano alejado, y que hay mucho para ofrecerle (por ejemplo, una jornada especial, un momento de fiesta o acogida, o una liturgia especialmente emotiva como Navidad, Pascua, Miércoles de Ceniza o una fiesta patronal de la Virgen).

Otra opción es enviar «hermosas postales impresas», porque «llamarán la atención del destinatario y los costos de envío serán más bajos». Recomiendan usar plantillas en la plataforma Canva.

Llamarles por teléfono, hacerles hablar y escuchar

Pero lo mejor (fuera de visitar personalmente en casa al parroquiano alejado) es llamar por teléfono, preguntar por qué no se les ha visto últimamente en la parroquia y cómo puede la parroquia ayudarles con oración. Es importante escuchar lo que responde la persona, «haciéndoles sentir escuchados y deseados como miembros de su comunidad parroquial».

Antes de empezar a telefonear, como en tantas otras acciones pastorales, recomiendan hacer una oración y poner las llamadas en manos de Dios.

«Prepárese con una oración. Pídale a Jesús que le dé su corazón para atender a esta persona antes de coger el teléfono, e invite al Espíritu Santo a participar en la conversación. Dios sabe exactamente lo que esa persona necesita oír y hablará a través de ti», propone la campaña.

En la llamada, detallan, «hay que dar a la persona la oportunidad de hablar en los primeros 15 segundos. Preguntar algo tan sencillo como «¿Qué tal está usted?» antes de empezar a explicar el motivo de la llamada es una buena forma de conseguir que la otra persona se implique más en la conversación. Aunque usted no conozca personalmente al destinatario de su llamada, antes era un miembro apreciado de la familia parroquial, así que, en nombre de la parroquia, hablaremos con calidez».

Hay que tener claras algunas cosas a la hora de empezar a hacer llamadas: poder ofrecer horarios en los que el párroco estará disponible, o momentos para el encuentro personal al terminar la misa, o un momento especial para quedar.

Algunos pueden querer debatir sobre temas de fe, o dudas doctrinales: lo mejor es hacerlo con tranquilidad estableciendo una cita en la parroquia. Se recomienda concretar un día y hora concretos con la persona, anotarlo y esperarlo, y luego recordárselo con un e-mail o whatsapp («recuerde que nos vemos el domingo en la misa de 11»). Muchas personas pueden estar impedidas por motivos de salud: la parroquia ha de poder enviarles alguien con la Sagrada Comunión, o al menos para visitarlas, orar con ellas y reestablecer el contacto.

Andrew H. Cozzens considera que todo esto es un «gran acto de amor» y «una de las formas más sencillas y eficaces de evangelizar».

AcaPrensa / P.J.G. / Religión el Libertad

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