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ANÁLISIS: EL SIEMPRE CAMBIANTE COLEGIO CARDENALICIO

El cambio más reciente en el Colegio Cardenalicio se produjo el 24 de febrero, cuando el Cardenal José Luis Lacunza Maestrojuán cumplió 80 años y fue retirado de las filas de purpurados electores. Unas semanas antes, el 12 de febrero, el Cardenal Pedro Ricardo Barreto Jimeno también cumplió 80 años y, por tanto, ya no puede votar en un cónclave.

Actualmente hay 129 cardenales que podrían votar en un cónclave, nueve más que el máximo de 120 fijado por Pablo VI y confirmado por sus sucesores.

Durante los 11 años de su pontificado, el Papa Francisco ha convocado nueve consistorios para crear nuevos cardenales. En el proceso, ha creado 142 cardenales, incluidos 113 electores y 29 no electores, de 70 países. De estos, 22 nunca antes habían tenido un cardenal.

Este nivel de actividad contrasta con San Juan Pablo II, que convocó nueve consistorios durante un pontificado de 27 años, así como con el Papa Benedicto XVI, que convocó cinco en ocho años. Sin embargo, el récord de nuevos birretes rojos pertenece al Papa polaco, quien creó 231 nuevos cardenales.

Si el cónclave comenzara hoy, habría 94 cardenales electores creados por el Papa Francisco, 27 creados por Benedicto XVI y ocho por San Juan Pablo II. Para elegir al nuevo Sucesor de Pedro se necesitaría un bloque de 86 votos (dos tercios de la asamblea), y los purpurados creados por el actual Pontífice son más de dos tercios.

¿Cómo será el Colegio Cardenalicio a finales de 2024?

Sin embargo, a finales de 2024, 10 purpurados más perderán el derecho a votar en un cónclave. Por lo tanto, si el Papa Francisco no convocara un nuevo consistorio antes de fin de año, el número volvería a estar por debajo del máximo de 120 cardenales electores.

Entre estos purpurados se encuentra el Cardenal Luis Francisco Ladaria Ferrer, prefecto emérito del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, considerado influyente pero que desde hace tiempo quiere dejar el cargo público, tras haber pedido al Papa ser dispensado también de participar en el Sínodo de la Sinodalidad. También llegará al límite de edad el Cardenal Marc Ouellet, prefecto emérito del Dicasterio para los Obispos.

Para otros cuatro cardenales que cumplirán 80 años este 2024, el Papa debe encontrar un sucesor para sus respectivos roles, ya que todos están en servicio activo. Se trata del Arzobispo de Boston y presidente de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores, Cardenal Sean Patrick O’Malley (29 de junio); el penitenciario mayor de la Penitenciaría Apostólica, Cardenal Mauro Piacenza (15 de septiembre); el Arzobispo de Caracas (Venezuela), Cardenal Baltazar Enrique Porras Cardozo (10 de octubre); y el Arzobispo de Bombay (India) Cardenal Oswald Gracias (24 de diciembre).

Los purpurados O’Malley y Gracias también son miembros del Consejo de Cardenales establecido por el Papa para la reforma y el gobierno de la Curia Romana.

El Cardenal Louis-Marie Ling Mangkhanekhoun, vicario apostólico de Vientiane (Laos) es otro de los que cumplirá 80 años en 2024, al igual que el Cardenal Polycarp Pengo, Arzobispo emérito de Dar-es-Salam (Tanzania); el Cardenal Jean-Pierre Ricard, Arzobispo emérito de Burdeos (Francia); y el Cardenal John Njue, Arzobispo emérito de Nairobi, Kenia.

Teniendo en cuenta lo anterior, a finales de 2024 los cardenales electores creados por el Papa Francisco serán 91, mientras que los de los pontífices anteriores se habrán reducido drásticamente. De hecho, en un futuro cónclave sólo habrá 22 purpurados creados por Benedicto XVI y seis por San Juan Pablo II.

¿Un cónclave al estilo Francisco?

Estas cifras parecen sugerir que la elección del próximo Sucesor de Pedro podría orientarse rápidamente hacia un perfil similar al del Papa Francisco. Sin embargo, el resultado del cónclave podría ser muy diferente.

En su mayor parte, los Papas han convocado consistorios para discutir y consultar a los cardenales sobre cuestiones importantes para la vida de la Iglesia.

Sin embargo, durante su pontificado, el Papa Francisco sólo ha convocado un consistorio tres veces para discutir temas en específico.

La primera vez ocurrió en 2014, cuando el consistorio para creación de nuevos purpurados fue acompañado por otro convocado para tratar cuestiones sobre la familia, con un informe del Cardenal Walter Kasper.

En 2015, la reforma de la Curia fue discutida con varios informes y, en 2022, el Papa pidió a los cardenales que tuvieran en cuenta la reforma que acababa de establecer con la constitución apostólica Praedicate Evangelium.

La estructura de discusión del último consistorio también difirió del patrón habitual. Los cardenales estaban reunidos en pequeños grupos lingüísticos; no todos pudieron hablar ante la asamblea y varios dejaron documentos escritos sobre lo que hubiera sido su discurso, sin presentarlo ante los demás miembros del Colegio Cardenalicio. Si bien se presentó como un esfuerzo por hacer la discusión más eficiente, esta estructura eliminó momentos tradicionalmente importantes de interacción y entendimiento mutuo.

Estos no son sólo detalles menores. Las discusiones que tienen lugar durante los consistorios permiten a los cardenales conocerse entre sí y a las personalidades implicadas definirse con mayor precisión.

Por ejemplo, de algunas de estas discusiones surgió la candidatura papal del Cardenal Karol Wojtyla, junto con el hecho de que San Pablo VI lo había llamado a predicar los ejercicios espirituales de la Curia en la Cuaresma de 1976. Aunque el arzobispo polaco era un hombre autorizado y una figura conocida, no habría sido fácil obtener el apoyo de sus compañeros cardenales si no hubiera tenido la oportunidad de darse a conocer en estas circunstancias.

El próximo cónclave, por tanto, comenzará con cierta desventaja, ya que los cardenales no se conocerán tan bien. Por un lado, esto podría facilitar la formación de grupos de presión que podrían orientar la elección en una u otra dirección.

Pero, probablemente también hará que el resultado sea más impredecible. Por esta razón, aunque el Papa Francisco ha creado más de dos tercios de los purpurados electores, no es seguro que quien sea elegido en un futuro cónclave tenga el mismo perfil que el actual Pontífice.

¿Se vislumbra una reforma de las reglas del cónclave?

Tal como están las cosas, la constitución apostólica Universi Dominici Gregis, promulgada por San Juan Pablo II en 1996, regulará el cónclave. Este documento preveía, entre otras cosas, que a partir de la 34ª votación (o a partir de la 35ª, si la votación se realizaba también el día de la apertura del cónclave), una mayoría absoluta es suficiente para elegir un Papa.

Esa disposición fue modificada por Benedicto XVI en 2007 con el motu proprio De Aliquibus Mutationibus in Normis de Electione Romani Pontificis. La nueva norma prevé que, en la 34.ª o 35.ª votación, en caso de «punto muerto», se celebrará una segunda vuelta entre los dos cardenales más votados, que, sin embargo, no podrán participar en la votación. La elección sólo tendrá lugar si uno de los dos obtiene dos tercios de los votos, como se esperaba en todas las demás votaciones.

Estas normas buscan obtener un amplio consenso sobre el Papa elegido, que así podrá contar con el apoyo de todo el Colegio Cardenalicio.

Desde hace algún tiempo se ha hablado de un proyecto del Papa Francisco para reformar las reglas del cónclave. Entre las reformas que podrían estar en discusión: la reducción del quórum para la elección del Pontífice a partir de la 15ª votación; la exclusión de los cardenales mayores de 80 años de las congregaciones generales, es decir, las reuniones previas al cónclave, en las que participan tanto purpurados con derecho a voto como sin derecho a voto; y una nueva estructuración de las propias congregaciones generales, según el modelo del último consistorio, es decir, con la división de los participantes en grupos de trabajo e informes confiados a un moderador.

Sin embargo, no se ha anunciado oficialmente ningún estudio para cambiar las reglas del cónclave. Se dice que el Cardenal Gianfranco Ghirlanda, que se ha convertido en los últimos años en el abogado canónico de confianza del Papa, propuso algunos proyectos de reforma, pero tampoco hay confirmación de ello.

Queda por ver, por tanto, si estos rumores sobre una reforma de las reglas son el resultado de discusiones honestas o simplemente agitación y especulación ante la conocida imprevisibilidad del Papa Francisco.

AcaPrensa / Andrea Gagliarducci / AciPrensa

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