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¿ACTIVISMO HOMOSEXUALISTA?

“¿Quién soy yo para juzgar?[1]” Poco podía saberse que aquellas inocentes y desprendidas palabras de Jorge Mario Bergoglio, emitidas en una de sus primeras entrevistas concedidas tras su elección como pontífice, se convertirían en una auténtica declaración de intenciones.

Y no hablo de la expresión de una humildad y continencia a la hora de prejuzgar y juzgar los actos humanos (empresa que solo corresponde al Divino Juez) sino de la declaración expresa de que la Moral Cristiana, en lo que tiene de fundamentalmente revelada, que es su sello y cariz, es ‘incompleta’ cuando de lo que se trata es de ‘acoger a todos’, forjando así el destino de una constructivista ‘nueva iglesia de puertas abiertas’[2].

Han sido muchos los acercamientos que ha realizado Bergoglio a eso que los izquierdistas denominan colectivo LGBTI(+). Conviene, antes que nada, apuntar que, como muy bien explica Stephen R. Hicks en su gran obra La crisis del posmodernismo, en estos tiempos el ideal que impera es que ‘el colectivo, y no el individuo, es la unidad operativa’[3]. Este sería uno de los baluartes ideológicos a partir de los cuales se ha construido la era del constructivismo social-ateo en que nos hallamos inmersos.

Dadas las constantes y casi fatigosas, por repetitivas, manifestaciones del actual pontífice contra el individualismo egocéntrico, que parece ser para él la causa de todos los males contemporáneos (no el aborto, no la cristofobia, ni el ateísmo, o el estatismo …) y su, al mismo tiempo, defensa de eso que se ha venido en llamar ‘identidades colectivas’ descartadas, los homosexuales activistas serían el ejemplo de un grupo de personas que han sufrido la opresión de una ‘rigidez perversa’[4] que fomentaría el ‘miedo ante un tiempo de inseguridad, y que no nos deja andar’[5]. Pues, parece ser, que el ‘curso histórico’ nos ha llevada hasta aquí, hasta la aceptación del pecado como lo humano original y protegible de cualquier sistema de creencias que aspire a hacernos ‘perfectos’.

Pero una cosa es desear el cese de unas supuestas discriminaciones que parece que estarían sufriendo las personas homosexuales, a causa de su ‘orientación sexual’ (término equívoco y engañoso), por supuesto, y otra muy diferente es proclamar abiertamente que ‘en la Iglesia caben todos’[6], como si la Esposa de Dios no fuera más que una institución puramente humana al servicio del voluntarismo oportunista de turno, una ONG social-humanitarista, desenfocada del Evangelio, cuyo único propósito es ser el centro de atención de las élites socialdemócratas que solo trabajan para afianzar el ateísmo en Occidente, proclamando el ‘homo homini deus’ desde el estatismo más idolátrico.

Cualquiera que haya seguido el sendero ‘ideológico’ que Jorge Mario ha ido transitando, incluso antes de ser elegido Papa, se dará cuenta de que la elección del Cardenal Víctor Manuel Fernández, alias ‘Tucho’, compatriota suyo, para el mismo cargo en el que Joseph Ratzinger destacó por su impecable labor teológica, no es irracional o una simple decisión tomada con responsabilidad institucional. Basta leer algunos de los títulos de las obras que ha publicado este ‘oscuro’ eclesiástico (tales como Sáname con tu boca. El arte de besar, de 1995, o La pasión mística. Espiritualidad y sensualidad, de 1998) para alarmarse intensamente, toda vez que este clérigo lleva tiempo defendiendo, sin ambages ni llamamientos de atención, la procuración de sacramentales para personas pecadoras con voluntad irreformable o esparciendo semillas de sensualismo porno-erótico con excusas catequéticas.

Obviamente, el escándalo ha saltado impetuoso sobre los altares de miles de parroquias y diócesis de todo el mundo. Sin ir más lejos, sacerdotes y obispos de la Confraternidad del Clero Católico del Reino Unido, junto con los de Estados Unidos y de Australia, por no hablar de la iniciativa de religiosos y cargos eclesiásticos españoles contra la Declaración Fiducia Supplicans, nos ofrece un botón de muestra acerca de lo que está por venir, de la profunda oscuridad en que están envolviendo a Nuestra Madre la Iglesia de Cristo, aquellos que más que ‘admiradores’ son ‘activistas’, como los llamó Ratzinger, esto es, aquellos que solo quieren hacer por sí mismos, y no ‘aceptar lo que se les da’[7], de lo Alto.

AcaPrensa / InfoVaticana / Luis F. Prado


[1] Papa Francisco, entrevista para L’Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, Año XLV, n. 39, viernes 27 de septiembre de 2013.

[2] Papa Francisco, ‘Misa de apertura de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo’, en la plaza de Pedro, 4 de octubre de 2023.

[3] Stephen R. Hicks, La crisis del posmodernismo. La crisis del socialismo, 2016.

[4] Papa Francisco, en el rezo del Ángelus, 3 de febrero de 2022.

[5] Papa Francisco, entrevista concedida a la revista Vida Nueva, de 4 de agosto de 2023.

[6] Papa Francisco, ‘Discurso del Santo Padre en la Ceremonia de acogida de la JMJ’, Parque Eduardo VII, Lisboa, jueves, 3 de agosto de 2023.

[7] Dr. Joseph Ratzinger, La Belleza. La Iglesia, 2006.

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