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Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La Palabra de Dios, también este quinto Domingo de Pascua, continúa indicándonos el camino y las condiciones para ser comunidad del Señor Resucitado. El pasado Domingo se puso de relieve la relación entre el creyente y Jesús Buen Pastor. Hoy el Evangelio nos propone el momento en el que Jesús se presenta como la vid verdadera y nos invita a permanecer unidos a Él para llevar mucho fruto (cf. Juan 15, 1-8). La vid es una planta que forma un todo con el sarmiento; y los sarmientos son fecundos únicamente cuando están unidos a la vid. Esta relación es el secreto de la vida cristiana y el evangelista Juan la expresa con el verbo «permanecer», que en el pasaje de hoy se repite siete veces. «Permaneced en mí» dice el Señor; permanecer en el Señor.

Se trata de permanecer en el Señor para encontrar el valor de salir de nosotros mismos, de nuestras comodidades, de nuestros espacios restringidos y protegidos, para adentrarnos en el mar abierto de las necesidades de los demás y dar un respiro amplio a nuestro testimonio cristiano en el mundo. Este coraje de salir de sí mismos y de adentrarse en las necesidades de los demás, nace de la fe en el Señor Resucitado y de la certeza de que su Espíritu acompaña nuestra historia. Uno de los frutos más maduros que brota de la comunión con Cristo es, de hecho, el compromiso de caridad hacia el prójimo, amando a los hermanos con abnegación de sí, hasta las últimas consecuencias, como Jesús nos amó. El dinamismo de la caridad del creyente no es fruto de estrategias, no nace de solicitudes externas, de instancias sociales o ideológicas, sino del encuentro con Jesús y del permanecer en Jesús. Él es para nosotros la vida de la que absorbemos la savia, es decir, la «vida» para llevar a la sociedad una forma diferente de vivir y de brindarse, lo que pone en el primer lugar a los últimos.

Cuando somos íntimos con el Señor, como son íntimos y unidos entre sí la vid y los sarmientos, somos capaces de dar frutos de vida nueva, de misericordia, de justicia y de paz, que derivan de la Resurrección del Señor. Es lo que hicieron los santos, aquellos que vivieron en plenitud la vida cristiana y el testimonio de la caridad, porque eran verdaderos sarmientos de la vid del Señor. Pero para ser santos «no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos [...] Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra» (Gaudete et Exsultate, 14). Todos nosotros estamos llamados a ser santos; debemos ser santos con esta riqueza que recibimos del Señor resucitado. Cada actividad —el trabajo, el descanso, la vida familiar y social, el ejercicio de las responsabilidades políticas, culturales y económicas— cada actividad, pequeña o grande, si se vive en unión con Jesús y con actitud de amor y de servicio, es una ocasión para vivir en plenitud el Bautismo y la santidad evangélica.

Que nos sea de ayuda María, Reina de los santos y modelo de perfecta comunión con su Hijo divino. Que nos enseñe Ella a permanecer en Jesús, como sarmientos a la vid y a no separarnos nunca de su amor. Nada, de hecho, podemos sin Él, porque nuestra vida es Cristo vivo, presente en la Iglesia y en el mundo.

Después del Regina Coeli:

Queridos hermanos y hermanas:

Ayer, en Cracovia, fue proclamada beata Anna Chrzanowska, fiel laica que dedicó su vida a curar a los enfermos en los que veía el rostro de Jesús sufriente. Demos gracias a Dios por el testimonio de esta apóstol de los enfermos y esforcémonos por imitar su ejemplo.

Acompaño con la oración el éxito positivo de la cumbre intercoreana del viernes pasado y el valiente compromiso asumido por los líderes de las dos partes para realizar un camino de diálogo sincero para una península coreana libre de armas nucleares. Rezo al Señor para que la esperanza de un futuro de paz y una amistad más fraterna no sean defraudadas, y para que la colaboración pueda seguir dando buenos frutos para el amado pueblo coreano y para el mundo entero.

La pasada semana la comunidad cristiana de Nigeria fue nuevamente golpeada con el asesinato de un grupo de fieles, entre ellos dos sacerdotes: Confiamos al Dios de la Misericordia a estos hermanos, para que ayude a estas comunidades tan puestas a prueba a reencontrar la concordia y la paz.

Saludo con afecto a los peregrinos hoy presentes, ¡realmente muchos para nombrar a cada grupo! Pero al menos saludo a aquellos precedentes de Braga (Portugal), India y Pakistán; a los fieles de Pavia, Crema y Vignale; a los numerosos chicos que han recibido o recibirán la confirmación; y a los adolescentes de Cuneo, Remedello, Arcore, Valle Olona, Modica e Isnello.

Un pensamiento particular para las cofradías de Asís, acompañadas por el obispo; para los jóvenes animadores de los Padres Josefinos de Murialdo; y para los participantes del Congreso nacional del catecumenado, promovido por la Conferencia Episcopal Italiana.

Queridos hermanos y hermanas, pasado mañana, el día 1 de mayo, por la tarde empezaré el Mes Mariano con unaperegrinación al Santuario de la Virgen del Divino Amor.

Rezaremos el Rosario rezando en particular por la paz en Siria y en el mundo entero.

Os invito a uniros espiritualmente y a extender en todo el mes de mayo la oración del Rosario por la paz.

Deseo a todos un buen domingo.

Y por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta pronto.