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La Masonería vista desde la Congregación Plenaria de la Pontificia Comisión para la Revisión del Código de Derecho Canónico que tuvo lugar del 20 al 29 de octubre de 1981.

Del 20 al 29 de octubre de 1981, la Congregación Plenaria de la Pontificia Comisión para la Revisión del Código de Derecho Canónico se reunió en el Vaticano con el fin de discutir y votar la reintroducción del canon 2335 del Código de Derecho Canónico de 1917, que castiga con la excomunión a los católicos inscritos en la masonería u otra secta que conspire contra la Iglesia y contra el estado. Este canon no fue reintroducido en el nuevo Código de Derecho Canónico de 1983.

Es interesante observar la presencia de dos posturas dentro de la Congregación Plenaria: una minoritaria, que deseaba la renovación del canon 2335 (y, por lo tanto, la excomunión de los católicos pertenecientes a la masonería) y una mayoritaria, que propuso y obtuvo que ese canon no se reintrodujera y, por lo tanto, que no se aplicara la excomunión a los cato-masónicos.

Propongo algunos puntos de las actas, traducidas del latín por el padre Zbigniew Suchecki, OFM Conv., publicadas en la revista «Religioni e Sette nel mondo» («Religiones y sectas en el mundo») del GRIS (Grupo de Investigación Socio-Religiosa) de Bolonia, en el n. 1/2008 dedicado al tema «Iglesia católica y masonería».

Las principales argumentaciones de la posición mayoritaria me parecen falsas y pastoralmente imprudentes. Se pueden resumir así:

El canon 2335 no debe reintroducirse porque hacerlo implica actuar contra los principios de la revisión del Código de Derecho Canónico aprobados por el Sínodo de los Obispos en 1967 y por Pablo VI, que pidieron la reducción de las penas «latae sententiae» a pocos casos.

Visto que los grados de adhesión a la Masonería son diversos, no es posible saber en cual de los grados inicia la maquinación contra la Iglesia y si el reo, «juez de sí mismo», sabe con certeza que es culpable de maquinación y, por lo tanto, de haber incurrido en la pena.

Se considera válida la opinión según la cual el canon 2335 atañe sólo a quienes actúan contra la Iglesia, como confirma la Notificatio de la Congregación para la Doctrina de la Fe del 18 de julio de 1974.

Entre lo que defendían esta posición estaban:

– el p. Esteban Gómez OP (docente en el Angelicum de Roma), que afirmó que «es más grave la pertenencia al comunismo, por lo que si se excomulga a los masones habría que excomulgar a los comunistas»;

– el cardenal Rosalio José Castillo Lara SDB (Secretario de la Pontificia Comisión para la Revisión del C.I.C.), que estaba de acuerdo con Gómez y añadió que «la Masonería no es la misma en todas las naciones»;

– el cardenal Franz König, que afirmó que «la posición de la Conferencia Episcopal alemana (ver más abajo) vale sólo para la masonería de esa nación, y no para todas». König apela al citado rescripto de la CDF de 1974;

– Mons. José Vicente Andueza Henriquez, que afirmó que «la masonería en países como Venezuela convive pacíficamente con la Iglesia, y que hay masones “de buena fe” que no traman contra la Iglesia, sino que colaboran con ella».

Además, Mons. Henriquez sostuvo que «la excomunión a los masones es inútil, porque no les impide tener nuevos adeptos y, más bien al contrario, introducirla otra vez en el nuevo Código de Derecho Canónico suscitaría “nuevas e inútiles enemistades”». Según el prelado venezolano, «en América Latina el verdadero peligro es el comunismo, no la masonería» (cfr. págs. 224-228);

– Mons. Roman Arrieta Villalobos, Presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, estaba convencido de que «en muchas partes del mundo la masonería ya no conspira contra la Iglesia, ni abiertamente, ni ocultamente».

Veamos ahora las principales argumentaciones de la posición minoritaria a favor de la reintroducción de la pena establecida por el canon 2335:

La Conferencia Episcopal alemana observó que la Iglesia tiene el deber de indicar claramente a los fieles qué es peligroso para la fe y «la pertenencia de un católico a la masonería sacude los fundamentos de la fe».

Tras casi seis años de coloquio con los líderes oficiales de la masonería de Alemania (claramente favorable a la Iglesia), los obispos alemanes llegaron a la conclusión de que la esencia de la masonería es la misma en todas partes y, por consiguiente, pidieron la reintroducción del canon 2335 en el nuevo Código de Derecho Canónico. Otras conferencias episcopales, a diferencia de la alemana, tal vez no tenían tanta familiaridad con hechos, documentos y rituales masónicos auténticos.

La actividad contra la Iglesia es uno de los principios fundamentales de la masonería. Además, los masones alemanes habían «rechazado categóricamente» la petición de algunos obispos que habían pedido poder examinar los rituales de los grados que estaban por encima de los primeros tres.

Si el juicio sobre la masonería local en cada país se dejaba a cada conferencia episcopal «era fácil imaginar cuántas presiones sufrirían los obispos por parte de personas influyentes, con poder o posición social, o por parte de esa opinión pública cuyo pensamiento no es ajeno a la masonería».

Siguiendo con el tema de la masonería, los obispos alemanes observaron que «para la mayoría de los fieles es imposible formarse un juicio exacto acerca de este argumento. El deber de la Iglesia es precisamente éste: indicar a los fieles dónde se esconden los peligros para su fe y su vida cristiana».

El cardenal Giuseppe Siri observó: «1) No ha cambiado prácticamente nada en el modo de actuar de la secta masónica. 2) Si se objeta que la autoridad de la Iglesia (Pablo VI) ha dicho que la pena debe reducirse, respondo: «Cuando aconsejamos debemos hacer esas cosas que son adecuadas para este tiempo».

El cardenal Joseph Ratzinger observó que las distintas posiciones de las conferencias episcopales no implicaban que la masonería fuera distinta en esos territorios, sino que había obispos que no estaban tan bien informados como los alemanes, que habían descubierto que la esencia de la masonería afirma el relativismo entre lo verdadero y lo falso, el bien y el mal. Es el mismo relativismo que alimenta la crisis moral hodierna.

Por eso, la masonería constituye «un peligro extraordinario» y mucho «más sutil» que el comunismo. En los primeros tres grados los masones alemanes estaban abiertos al diálogo, pero en los treinta grados superiores custodiaban «una disciplina arcana organizada de manera muy severa». Ratzinger consideró que «la opinión» del padre Gómez demostraba «una cierta indulgencia, lo cual no corresponde a la gravedad de la cuestión y del trabajo que hemos realizado».

– El cardenal Pietro Palazzini replicó así a la objeción «unánime» de los consultores de la Pontificia Comisión para la Revisión del Código de Derecho Canónico: «La reintroducción del canon 2335 no viola los principios aprobados por el Papa y el Sínodo de los obispos de 1967; la reducción de las penas no implica la eliminación de todas las penas.

Entre los obispos alemanes que piden la reintroducción del canon 2335 hay algunos que participaron en ese Sínodo pero que, habiendo aprendido de la experiencia, comprenden la necesidad de excomulgar a los masones porque su “credo” es «apostasía por lo menos implícita»; es decir, elimina la verdad y la religión revelada mientras acogen a los católicos como «idiotas útiles».

En la pastoral hay que evitar los equívocos y mostrar claramente el camino seguro a la salvación. La masonería es más peligrosa que el comunismo porque éste es un enemigo declarado de la Iglesia, pero la masonería es más hipócrita».

En la estela del cardenal König, de Mons. Henriquez, etc., nos parece que podemos añadir el «Comentario al Código de Derecho Canónico» publicado en 1985 por la Pontificia Universidad Urbaniana (PUU), y reeditado en 2001 por la Libreria Editrice Vaticana (LEV) con la presentación del cardenal Mario Francesco Pompedda, entonces Prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica.

En ambas ediciones (PUU, págs. 806-807; LEV, p. 814), editadas por Mons. Pio Vito Pinto, en lo que respecta al tema «masonería» se deja entender que «no es fácil aplicar el canon 1374 (que pide una justa pena para quien se inscribe en asociaciones que actúan contra la Iglesia) a menos que la autoridad eclesiástica universal y particular competente indique claramente a qué organizaciones hace referencia ese canon.

Me pregunto: ¿por qué en ese comentario no se citó también la declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe de 1983 que confirma la incompatibilidad entre ser masón (del tipo que sea) y ser católico?

En resumen, soy de la opinión que la crisis de la Iglesia, ayer como hoy, es también el resultado de las distintas actitudes de los prelados respecto a la masonería.