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Cuando entras en una iglesia católica, uno de los tipos más distintivos de obras de arte que encuentras es la estatua. Para algunos, esto parece contradecir la Palabra de Dios, que dijo: “No os volváis hacia los ídolos, ni os hagáis dioses de fundición. Yo, Yahveh, vuestro Dios” (Levítico 19: 4).

Sin embargo, los católicos persisten en decorar sus iglesias con numerosas imágenes. ¿Por qué? ¿Va contra lo que Dios estableció en la Biblia?

Este tema fue controvertido en la Iglesia primitiva, requiriendo un consejo para resolverlo cuando algunos en la Iglesia trataron de destruir todas las imágenes (no sólo las imagenes). Creían que cualquier imagen de Dios iba contra de las leyes de Dios y era una forma de idolatría.

Sin embargo, el Catecismo de la Iglesia Católica explica que “en el Antiguo Testamento Dios ordenó o permitió la institución de imágenes que conducirían simbólicamente a la salvación por el Verbo encarnado: la serpiente de bronce, el arca de la Alianza y los querubines”(CCC 2130).

Con esto en mente “el séptimo concilio ecuménico de Nicea (787) justificó... la veneración de los iconos – de Cristo, pero también de la Madre de Dios, los ángeles y todos los santos. Al encarnarse, el Hijo de Dios introdujo una nueva “economía” de imágenes “(CCC 2131).

Desde entonces, la Iglesia ha enseñado que la “El culto cristiano de las imágenes no es contrario al primer mandamiento que proscribe los ídolos. En efecto, “el honor dado a una imagen se remonta al modelo original”, “el que venera una imagen, venera al que en ella está representado”. El honor tributado a las imágenes sagradas es una “veneración respetuosa”, no una adoración, que sólo corresponde a Dios” (CCC 2132).

La principal diferencia entre los paganos que adoran a ídolos y los cristianos que veneran imágenes radica en la intención de la persona. Los cristianos que oran ante las imágenes lo hacen para honrar a Dios o los santos, rezando a la persona “detrás” de la imagen en lugar de a la imagen misma.

Un cristiano no está ligado a la estatua. Si la estatua es destruida, su fe no vacila ni cesa. Es simplemente una representación de Dios (o un santo) y es un objeto material.

Un pagano, en cambio, está atado a la estatua y cree que Dios está dentro de la imagen particular. Adora a la estatua creyendo que tiene gran poder. Destruir tal imagen en una religión pagana es una de las ofensas más altas posibles.

Como señala el Catecismo, los cristianos no “adoran” la estatua, sino la “veneran”. La adoración está reservada sólo a Dios. Si alguien orara a la estatua o adorara la estatua, estaría cometiendo idolatría, pero esto no es lo que la Iglesia católica enseña a sus miembros a hacer.

La Iglesia enseña a los cristianos a venerar las imágenes, reconociendo que apuntan a una realidad oculta y espiritual que no está limitada por la representación.

Otra forma de decirlo es que las imágenes son especiales recordatorios de varios santos y de Dios. Nos recuerdan cosas celestiales y apuntan nuestras almas a la Trinidad. Las imágenes son herramientas, instrumentos para ser utilizados en la vida espiritual y no fines en sí mismos.

Así, aunque pueda parecer que los católicos están adorando imágenes, no es así. Están usando imágenes, como Dios lo permite, como imágenes que apuntan “simbólicamente hacia la salvación por el Verbo encarnado”.