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El Departamento de Seguridad Nacional implementó recientemente la política de separación de las familias que llegan a la frontera entre México y Estados Unidos. El obispo de Austin y presidente del Comité de Migración de la Conferencia de Obispos Católicos de EEUU (USCCB), Joe S. Vásquez, emitió en respuesta el siguiente comunicado:

“La separación forzosa de niños de sus madres y padres es inefectiva para los objetivos de disuasión y seguridad y contraria a nuestros valores católicos. La unidad familiar es una piedra angular de nuestro sistema de inmigración estadounidense y un elemento fundamental de la enseñanza católica. ‘Los niños son un regalo del Señor, el fruto del útero, una recompensa’ (Salmo 127: 3). Los niños no son instrumentos de disuasión, sino una bendición de Dios.

Romper el vínculo entre padres e hijos provoca un trauma científicamente demostrado que a menudo conduce a cicatrices emocionales irreparables. En consecuencia, los niños siempre deben ubicarse en el entorno menos restrictivo: un entorno seguro y familiar, idealmente con sus propias familias.

Mis hermanos obispos y yo entendemos la necesidad la seguridad de asegurar nuestras fronteras y nuestro país, pero la separación de las familias que llegan a la frontera de Estados Unidos y México no alivia las preocupaciones sobre seguridad. Los niños y las familias continuarán asumiendo los enormes riesgos de la migración, incluida la separación familiar, porque las causas raíces de la migración en el Triángulo Norte siguen siendo: violencia comunitaria o sancionada por el estado, reclutamiento de pandillas, pobreza y falta de oportunidades educativas. Cualquier política deben abordar estos factores primero a medida que tratamos de reparar nuestro roto sistema de inmigración”.