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Las ruinas de un antiguo templo subterráneo, que por sus características podría haber sido empleado por los cristianos perseguidos por el Imperio Romano durante los siglos III y IV, fue presentado en Siria después de que el hallazgo se mantuviera en secreto para evitar su destrucción por parte de grupos terroristas.

El templo se ubica en la localidad de Manbij, Siria, zona que estuvo ocupada durante 2 años por las fuerzas del Estado Islámico, quienes emprendieron la destrucción de imágenes religiosas, templos y monasterios de las localidades vecinas. Según informó Fox News, el templo no fue ubicado debido a que solamente tenía visible el marco de la puerta en un montículo de tierra, el cual fue cubierto de basura por parte de las fuerzas de ocupación.

Abdulwahab Sheko, Jefe del Comité de Exploración en el Consejo de Ruinas de Manbij, explicó que las primeras exploraciones se habían realizado en 2014 pero el avance de los grupos extremistas motivó la suspensión de las excavaciones.

El hallazgo fue mantenido en secreto para evitar la destrucción de las posibles ruinas cristianas. Después de la recuperación del control sobre el área, se tuvo que proceder a la remoción de minas antipersonales, por lo cual las excavaciones arqueológicas no pudieron comenzar sino hasta agosto de 2017.

La construcción exhibe varios túneles estrechos que permitían el ingreso de la luz y el acceso a puertas de escape. Las paredes conservan cruces grabadas en diferentes estilos y un lugar con 3 escalones que podría corresponder a un altar para la celebración de la Eucaristía.

John Wineland, arqueólogo y profesor de Historia y Arqueología de la Universidad de Southeastern, Estados Unidos, expuso que el hallazgo podría indicar "que había una población cristiana significativa en el área que sentía la necesidad de ocultar sus actividades. Esta es una probable referencia a la persecución del gobierno romano que era común en el período".