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Para muchas de estas personas es una oportunidad única en la vida. Han viajado hasta los Santos Lugares para seguir las huellas de Jesús por donde Él caminó. Es también una ocasión para volver a empezar.

“Son personas que sienten que han muerto, han sido sepultadas y han resucitado con Cristo. En el agua vemos como una tumba en la que enterrar lo viejo y hacer salir lo nuevo, como está plasmado en las Escrituras. Cristo es la criatura nueva. Todo ha pasado y ahora todas las cosas se hacen nuevas. Hemos enterrado lo viejo, lo hemos dejado atrás”. Dijo una asistente.

“Me siento muy bien. Me siento como nuevo. Siento que he dejado cosas atrás y ahora estoy lleno de esperanza para el futuro. Aquí fue donde nuestro salvador, el mismo Jesucristo, fue bautizado hace 2000 años. Estuvo en estas aguas. No puede haber nada mejor que esto”.

Cristianos de todas las confesiones acuden a estas aguas para completar su peregrinación en Tierra Santa. Este grupo católico procede de Cebú, en Filipinas.

Según Mons. Daniel Zanico, Vicario General de Cebú, Filipinas “siento que todos somos hermanos y hermanas en el nombre de Jesucristo a través de este hermoso acto del bautismo. Creo que no es solo para cristianos sino para todos porque siento que Dios, en su amor y compasión, nos llama a todos a unirnos”. “Es importante venir aquí porque ayuda a fortalecer la fe. Es realmente emocionante poder caminar por donde Jesús caminó y estar en los lugares donde predicó junto a sus apóstoles. Es realmente abrumador”.

Estas aguas son símbolo de una nueva vida ya desde el Antiguo Testamento. Tras la muerte de Moisés fue Josué el encargado de hacer entrar a los israelitas en la Tierra Prometida a través del río Jordán. Por eso, recibir el bautismo en este lugar se convierte en una huella imborrable en el corazón de cada peregrino y en la promesa de que un nuevo comienzo siempre es posible.