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Explicó y detalló: “La duda y la crisis puede ser un momento en nuestra vida de fe pero no pueden transformarse en una realidad permanente y sostenida. Esto lleva a desconfiar de la presencia del Señor”.

El obispo relató que a la semana siguiente Jesús responde al desafío de Tomás. “Pero él no va ‘tocar’ las manos ni el costado del Señor sino que va a realizar una prodigiosa profesión de fe: ‘¡Señor mío y Dios mío!’”

“Tomás comienza a ver la vida con los ojos de la fe y se abre al Dios que lo ha rescatado por su infinita misericordia. Con él hagamos profesión de fe en Jesús resucitado y abrámonos a su misericordia que nos salva”, animó.

“Como Tomás, también todos nosotros en este segundo domingo de Pascua, estamos invitados a contemplar en las llagas del Resucitado la divina misericordia, que supera todo límite humano y resplandece sobre la oscuridad del mal y del pecado”, concluyó.