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El domingo por la tarde el Papa se desplazó hasta el Trastevere para celebrar junto a niños, pobres y ancianos el 50 aniversario de la comunidad de San Egidio.

Este movimiento católico ayuda y cuida a personas sin hogar, a refugiados o a ancianos. Algunos aprovecharon la oportunidad de contárselo al Papa.

Dentro de la basílica lo esperaban cientos de personas. El Papa escuchó sus historias. Este joven de Siria le contó cómo huyó del Daesh junto a su madre y sus hermanos.

“Tuvimos que escapar y huir al Líbano ya estaban algunos parientes de mi madre. Yo tenía 10 años y estuvimos en un campo durante tres. En 2016 supimos que teníamos la oportunidad de venir a Italia gracias a los corredores humanitarios. Ahora mis hermanos y yo vamos al colegio. He hecho nuevos amigos”.

“Como usted ha dicho, la vejez a veces se ve como una enfermedad que hay que alejar todo lo que se pueda. Me di cuenta cuando me jubilé. Pero ahora le agradezco, Santo Padre, que nos recuerde a los ancianos que tenemos una misión con y para la Iglesia”.

En su discurso, el Papa pidió a la sociedad que dejen a un lado sus miedos y que actúe como el “buen samaritano”, tendiendo sin prejuicios la mano a los extranjeros.

“Oración, pobres y paz: es el talento de la Comunidad, que ha madurado en 50 años. Si estamos solos, nos dejamos atrapar fácilmente por el miedo. Pero su camino los orienta a mirar juntos al futuro: no solos, no para nosotros mismos. Juntos con la Iglesia”.

Francisco les pidió que no consideren el aniversario sólo un balance de resultados, sino también un momento en el que pensar concretamente en cómo cada uno puede aportar su grano de arena en la sociedad.

“El samaritano de la parábola se ocupó del hombre que estaba medio muerto en la calle, porque “lo vio y se apiadó de él”. El samaritano no tenía una específica responsabilidad hacia el herido, que era extranjero. Sin embargo, se comportó como un hermano, porque lo miró con misericordia. El cristiano, por su vocación, es hermano de cada hombre, especialmente del pobre, y también si es enemigo. No digáis nunca: '¿Y yo qué tengo que ver?'”.

El Papa se despidió agradeciendo a todos su trabajo y les invitó a seguir ayudando a los más necesitados, especialmente a los pobres, porque añadió, “son un tesoro que debe ser cuidado”.