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Estamos reproduciendo, como última fase de estas Meditaciones de Cuaresma, la obra de teatro escrita por el que suscribe de título “La Última Cena”, cuyo título nos excusa dar explicación de su tema.

Acto I - Cuadro 2º -  Lavatorio de los pies

Jesús y sus Apóstoles están sentados en la mesa preparada para la celebración de la Pascua.

Bartolomé (dirigiéndose a Tomás): Tomás, ¿no cumplimos con las abluciones como de costumbre?

Tomás: No sé, Bartolomé. Pero, mira, el Maestro se ha levantado de la mesa. ¿Qué es lo que va a hacer?

Jesús se levanta de la mesa y toma una toalla. Todos miran extrañados aquella insospechada acción del Maestro.

Felipe (dirigiéndose a Judas Tadeo): Judas, ¿Irá a lavarse? Nosotros, sin embargo...

Pero Jesús toma también un lebrillo en el que abunda el agua y, ante la extrañeza de los presentes, se aproxima a Juan y le lava los pies en primer lugar. Luego, a Andrés que no deja de asombrarse.

Jesucristo: Vamos, Andrés, quítate las sandalias que voy a lavarte los pies.

Andrés: Pero, Maestro, es que...

Jesucristo: Vamos, vamos, que hay muchos a los que lavar.

Andrés hace lo que le dice el Maestro y contempla como Aquel que les había enseñado sobre Dios y su Palabra, Aquel que era, sin duda, el Hijo de Dios, estaba haciendo el trabajo que solía hacer un esclavo de la casa o, como poco, un simple siervo.

Así, uno a uno, va lavando los pies a los doce Apóstoles.

Judas Iscariote (mira con vergüenza a Jesucristo): Maestro, eso lo podíamos haber hecho uno de nosotros.

Jesucristo: Sí, Judas pero es el Maestro quien ha de enseñar a sus discípulos. De todas formas, os digo que sólo quien se lava está todo limpio. Y vosotros lo estáis aunque no todos, no todos...

Y Judas, que sabe que se refiere a él mismo, agacha la cabeza entristecido.

Jesucristo continúa lavando los pies. Pero al llegar a Pedro este no quiere quitarse las sandalias.

Pedro: Maestro, a lo mejor lo que haces no está bien visto. Tú eres el primero entre nosotros.

Jesucristo: Pedro, Pedro, ¿No sabes que el primero ha de ser el último y el último, así, será el primero?

Pedro: De todas formas, no me parece correcto que tú me laves los pies a mí.

Y Jesús, mirándolo con amor le dice:

Pedro, si no me dejas que te lave los pies... no tienes nada que ver conmigo, haz como si no me conocieras, como si nunca hubieses comido o caminado conmigo.

Pedro se conmueve ante esto.

Pedro (poniéndose de pie): Maestro, entonces... lávame no sólo los pies sino todo este cuerpo pecador.

Jesucristo: Pedro, por ahora basta con lavarte los pies. Vamos, hombre, acepta lo que quiero hacer contigo y así tus hermanos conocerán mi verdadera voluntad.

Pedro: Sin duda, Maestro. Lo acepto totalmente.

Se sienta Cefas y se deja lavar los pies no sin mirar muy extrañado al Maestro.

Jesús, una vez ha lavado los pies a los Apóstoles deja el lebrillo y la toalla en el mismo lugar donde había cogido el instrumental del lavatorio de los pies y regresa a su sitio. Aún tiene mucho que decirles.

Jesucristo: ¿Habéis visto lo que he hecho con vosotros?

Pedro: Sí, Maestro, nos has lavado los pies como haría un siervo o un esclavo.

Jesucristo: ¡Exacto, Pedro! Pues eso mismo debéis hacer vosotros entre vosotros y entre el resto de hermanos en la fe y si llega el caso también con los que no lo son.

Pedro: ¿Lavarles los pies, Maestro?

Jesucristo: Y eso como señal de servicio. Lo que debéis entender es que servir al prójimo es un mandato de mi Padre Dios. Pero, además, os quiero hacer ver que tener en cuenta las necesidades de quien es vuestro hermano (y todos los somos porque somos todos hijos de Dios) es hacer lo que el Todopoderoso quiere que hagáis.

Juan: ¿Debemos servir, Maestro?

Jesucristo: Sí, Juan. Y servir sin esperar nada a cambio porque ahí está el centro de mi mensaje: amaos como yo os he amado. Y es que así sabrán que sois discípulos míos.

Simón el Celote: Sí lo somos, Maestro; claro que lo somos.

Jesucristo: Lo sois, Simón, pero deben ver que lo sois según hagáis entre vosotros. Que se diga “mira como se aman” porque vean que os amáis entre vosotros y amáis al prójimo... como yo he hecho con vosotros siempre. Y esto porque no es más el siervo que el Maestro y, por lo menos, ser en esto como yo soy os hará mucho bien.

El Hijo de Dios hace una pequeña pausa.

Jesucristo: De todas formas, os tengo que decir que uno de los que está aquí ahora, comiendo con nosotros, me va a entregar en manos de los que me persiguen.

Cristo se dirige a Judas Iscariote.

Jesucristo: Judas, lo que has de hacer, hazlo pronto.