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El Papa y María Eugenia Vidal dialogarán cara a cara una vez más. Un encuentro privado, este jueves 7 de junio en el Vaticano. Será un nuevo gesto del pontífice hacia Buenos Aires, la provincia más populosa de la Argentina y que es gobernada por la mujer de mejor imagen en el oficialista Cambiemos, pero que afronta múltiples problemas sociales. Apenas unos días atrás, Francisco designó como arzobispo para la capital de esa provincia, La Plata, a uno de sus hombres de mayor confianza: Víctor Manuel Fernández.

La visita, que era un secreto a voces desde hace días en Roma, fue confirmada por el equipo de la gobernadora. Ella viajó hacia la capital italiana este miércoles, junto con la ministra de Desarrollo Social de la Nación Argentina, Carolina Stanley, y el jefe de gabinete bonaerense, Federico Salvai, que es -además- el esposo de la ministra.

“En la audiencia será analizada la situación social del país y la provincia de Buenos Aires. También, los funcionarios, informarán al pontífice las acciones del gobierno para la lucha contra mafias, el narcotráfico y el trabajo para prevención y atención de adicciones”, indicaron fuentes de la gubernatura bonaerense.

Y agregaron: “La relación de Vidal, Stanley y Salvai con el Papa se remonta a cuando trabajaban juntos en el ministerio de desarrollo social porteño y el entonces monseñor Bergoglio era arzobispo de Ciudad”.

No es la primera vez que ellos visitan a Jorge Mario Bergoglio en Roma, estuvieron en Santa Marta el sábado 25 de febrero de 2017. Entonces, el encuentro se organizó con gran hermetismo y se supo del mismo sólo hasta después de su realización. No fue presentado como “oficial”, ni “de trabajo”. Aunque en él se abordaron asuntos de estricta actualidad.

Aunque nunca hubo una comunicación formal sobre la cita, algunas semanas después supuestos extractos de lo conversado allí se filtraron a la prensa en una nota del improbable título: “El Papa Francisco visitará la Argentina entre marzo y abril de 2018”. En aquel texto se daban detalles de una nunca confirmada gira apostólica que cumpliría el líder católico por varias provincias del país natal. Esto motivó varias y consecutivas desmentidas oficiales de parte de una incómoda Santa Sede, obligada a precisar noticias que jamás fueron comunicadas realmente.

Este episodio parece no haber afectado el vínculo entre Vidal, Stanley y Salvai con el Papa, quien se mostró dispuesto a recibirlos una vez más. El reconocimiento de Francisco por estas dos mujeres es manifiesto, y consecuente. Eso ha llevado a los observadores argentinos a afirmar, sin temor a equivocarse, que se trata de las figuras del oficialismo más apreciadas por el pontífice.

“Conozco la sensibilidad social de ellas y sé por la Iglesia argentina que siguen siendo muy sensibles ante el sufrimiento de los que menos tienen”, indicó el propio líder católico, en un reportaje publicado por Joaquín Morales Solá en el diario La Nación de julio de 2016. Elogio que el mismo Bergoglio le repitió al presidente argentino, Mauricio Macri, en la última audiencia privada que ambos sostuvieron, el 15 de octubre de ese mismo año. Según mencionó el mandatario, para el obispo de Roma ellas son “dos personas muy al tanto de la pobreza y las necesidades de la gente”.

Vidal es, quizás, la política argentina con mejor imagen pública. Todas las encuestas la ubican incluso por encima del presidente Macri en el renglón de consenso social. Y su viaje a Roma coincide con un tenso momento social en el país, a causa de cuestionadas decisiones de política económica tomadas por el gobierno, entre ellas la decisión de endeudarse fuertemente con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El impacto de una inflación que no cede, el encarecimiento de los bienes de consumo básico y el inexorable aumento del desempleo ya muestran su impacto en el conurbano bonaerense, una amplia zona de la provincia de frágil estabilidad. Situación de emergencia ya denunciada por obispos de la más cercana confianza del Papa, como Horacio García, quien fue su vicario en Buenos Aires por 10 años y actualmente guía la diócesis de San Justo.

“Nos preocupa la falta de fuentes de trabajo, nos inquieta el anuncio de medidas económicas, con las que el grueso de la clase trabajadora acusa la pérdida de conquistas trabajosamente adquiridas. Y si bien, no dudamos de la recta intención de quienes llevan adelante esas medidas, sin embargo, no podemos dejar de lado y obviar el impacto desmoralizador y su efecto deshumanizante”, fustigó, en la homilía de una misa celebrada con motivo del más reciente día del trabajador.

Una preocupación que comparte, en privado y con sobriedad, el propio Papa. En su audiencia de este jueves con la gobernadora, también saldrá a relucir -con toda seguridad- el nombramiento del nuevo arzobispo de La Plata. Víctor Manuel Fernández, ex rector de la Universidad Católica Argentina, tomará posesión de su puesto el próximo sábado 16 de junio a las cuatro de la tarde en la espléndida catedral de esa ciudad, ubicada frente a la histórica Plaza Moreno.

Él será interlocutor de Vidal, y conducto natural para un posible diálogo a distancia con el Papa, con quien Fernández se comunica a menudo. El segundo encuentro de la gobernadora, cara a cara con Bergoglio, contrasta con la reciente visita del canciller argentino, Jorge Faurie, al Vaticano. Aunque el ministro participó en la misa privada en la Casa Santa Marta, y al final saludó brevemente al pontífice, no sostuvo con él un diálogo cercano. A diferencia de su antecesora, Susana Malcorra, quien durante su gestión llegó a tener dos conversaciones (de más de una hora cada una) con Francisco.

Faurie, por su parte, logró reunirse con el cardenal secretario de Estado de la Santa Sede, Pietro Parolin, y con el secretario para las Relaciones con los Estados, Paul Richard Gallagher. Además de concretar otras entrevistas temáticas. Pero le faltó el mano a mano con quien fuese su profesor secundario, en Santa Fe.

Por lo pronto, esta audiencia privada coloca a la gobernadora como la figura de Cambiemos que más cerca estaría de consolidar un contacto fluido con Francisco. En un contexto donde el gobierno argentino y la Santa Sede no han encontrado, hasta ahora, la sintonía fina.